¿Cómo cambia el cerebro cuando meditas?

Mediante estudios científicos, se comprobó como con la Meditación, el caos mental puede volverse paz y estabilidad.

meditación

No hace mucho tiempo, la mayoría de nosotros pensamos que el cerebro, después de cierta edad, se vuelve estático y que los circuitos neuronales que alguna vez trazamos, son los únicos que tendremos a largo plazo.

Por el contrario de lo que se creía, el rápido avance de la ciencia en estas últimas décadas, nos demuestra que: el cerebro está diseñado para adaptarse constantemente.

El neurólogo Richie Davidson en el Centro Healthy Minds de la Universidad de Wisconsin-Madison, junto con sus colegas, nos asegura  tres cosas:

  • se puede entrenar el cerebro para cambiar
  • este cambio se puede medir
  • las nuevas formas de pensar, nos pueden cambiar para mejor

Davidson afirma que el cerebro sigue cambiando durante toda su vida útil. Y cree que esto es una muy buena noticia:
¨Podemos dar forma y dirección intencionada a nuestros pensamientos, utilizando la plasticidad de nuestro cerebro. Solo por dar un ejemplo… Al centrarnos en pensamientos sanos y dirigir nuestras intenciones hacia el bien, podemos transformar nuestros pensamientos en algo beneficioso. Eso nos lleva a la inevitable conclusión de que las cualidades como el buen corazón y el bienestar, deben ser considerados como habilidades.¨

Davidson añade que 30 minutos de meditación al día, “puede conducir a cambios mensurables en el cerebro” que se pueden medir con en un escáner cerebral.

Escaneando el cerebro de personas en estado meditativo observo, cuatro áreas del cerebro donde aumenta la materia gris/grosor cortical mientras se practica meditación.

Resultados del escáner

  • corteza prefrontal: Se encontró aumento de la densidad de materia gris en áreas del lóbulo prefrontal, dicha zona es responsable de la ¨función ejecutiva¨, tales como la planificación, resolución de problemas, y la regulación de las emociones.
  • El cortex del cíngulo anterior (CCA): Se observa un aumento de la materia gris. Dicha zona esta asociada con funciones tales como los procesos de autorregulación, incluyendo la capacidad de controlar los conflictos de atención y permitir una mayor flexibilidad cognitiva.
  • Hipocampo: Es una parte de nuestro sistema límbico, allí se observa un aumento del grosor cortical, dicha zona gobierna el aprendizaje y la memoria.
  • Amígdala cerebral: Al contrario de los anteriores en donde aumentaba la materia gris, en esta zona cerebral dísminuye el volumen de células cerebrales, luego de la práctica de meditativa. La amígdala forma parte del sistema límbico y su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales, tales como los reflejos de vigilancia, paralización, escape y huida. Estos neurotransmisores están estrechamente vinculados a las respuestas al estrés, miedo y ansiedad. Al disminuir su actividad, nos permite una menor reactividad, y deja el camino libre para conexiones con áreas del cerebro que tienen funciones superiores, como por ejemplo: la atención y la concentración.

Meditando…

La práctica meditativa o también Mindfulness, disminuye el modo de operación que tiene nuestro cerebro por defecto, este modo de operar es denominado “mentes mono“, donde la mente salta de un pensamiento a otro sin ningún control ni dirección.

La meditación nos ayuda a detener este flujo de pensamientos sin dirección, para poder ahondar más en nuestra mente y tener el control de nuestros pensamientos. Pensar en lo que realmente queremos pensar, dirigir nuestra mente hacia donde nosotros queremos llevarla.

Para finalizar, podemos decir que el cerebro funciona de determinada manera por la rutina establecida en el día a día. Si nos proponemos a practicar de forma regular y constante meditación, nos volveremos más concientes, tolerantes, menos crítico, y menos reactivos. Eso significa que podremos tomar una pausa antes de accionar o responder, hacerlo de forma más eficiente, “pensando” y no “reaccionando”.

 

Artículo original: “How the Brain Changes When You Meditate” , de Jennifer Wolkin.

 

 

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